El extraordinario poder político de salirse de la monogamia

La autora Mimi Schippers habla de polisexualidad, tríos y capitalismo.

Por Katie Klabusich

El ejemplar de muestra de Beyond Monogamy: Polyamory and the Future of Polyqueer Sexualities («Más allá de la monogamia: el poliamor y el futuro de las sexualidades polyqueer»), el último libro de la profesora universitaria y autora Mimi Schippers me llegó a casa en el momento perfecto: este verano, mientras reflexionaba sobre mi propia sexualidad.

Poder político

Llevaba ya unos años definiéndome como poliamorosa, pero aún estaba en proceso de averiguar todo lo que esto implicaba para mis intereses y relaciones. Aunque suene sorprendente, fue gracias a la relación tan emocionante y llena de apoyo con la pareja a la que llamo novio, que empecé a aceptar mi divergencia sexual. Con ayuda de Beyond Monogamy, he empezado a concebir mi sexualidad como algo más radical que la simple necesidad de visibilidad de bisexuales, pansexuales, omnisexuales u otras personas que desafían la creencia de que nos debe atraer un solo género. Schippers plantea que todas estas sexualidades tienen el potencial de hacer frente a varias estructuras opresivas.

«El asunto que quiero abordar es concretamente el efecto que puedan tener las relaciones poliamorosas (de más de dos personas), no sólo sobre las personas implicadas, sino sobre las relaciones sociales en general, si se convierte en una elección colectiva», escribe Schippers en la introducción.

Nunca me había parado a pensar en que la forma en que llevo mis relaciones (y, en general, mi vida), podría estar contribuyendo a deslegitimizar desde el patriarcado hasta el capitalismo. Como dice Schippers en la conclusión del libro:

«La idea de encontrar al «amor verdadero» y declararse en posesión de otra persona no es solo una cuestión de raza y de género, también refleja y mantiene una ideología capitalista, además de la inevitabilidad y atractivo de la propiedad privada. La mononormatividad es un pilar central en las relaciones sexuales, de género, raza y clase hoy en día. Actúa en todos los niveles de la organización social desde la construcción del yo, pasando por el establecimiento de normas y guiones para nuestras interacciones y relaciones interpersonales y la estructura de nuestras instituciones sociales a nivel local y nacional, hasta la legitimación de la dominación política, económica y militar a escala global».

Aunque Schippers utiliza lenguaje académico, el libro está sin duda al alcance de cualquiera, tenga o no conocimientos de teoría de género y raza, en gran medida porque incluye una serie de anécdotas narradas con detalles explícitos. Las cuatro tienen desenlaces muy predecibles; si saliesen en una película, el espectador se formaría expectativas de conflicto y resolución. Son, por ejemplo, así:

Una mujer lleva doce años teniendo una relación con un hombre a espaldas de su marido. Durante estos años, su amante le pide repetidamente que deje a su marido, pero ella se niega porque les quiere a ambos. Una tarde, su marido, sabiendo que no debería, pero incapaz de resistirse, escucha un mensaje de voz del móvil de su mujer. Es un mensaje de su amante que dice que no puede vivir sin ella y que necesita verla. Enfurecido, el marido jura encontrar al otro hombre y matarlo.

Un hombre casado le dice a un amigo que ha hecho un trío con su esposa y otra mujer. Orgulloso, le dice a su amigo que es «el sueño de cualquier hombre» y que se lo pasó muy bien. Cuando su amigo le pregunta si haría un trío con su mujer y otro hombre, él reacciona con rechazo y dice: «Qué va, no soy gay, y además, no quiero ver a mi mujer acostarse con otro».

Con estas historias y sus experiencias propias, Schippers reimagina los desenlaces de estas situaciones limitantes desde el prisma del poliamor. Es muy inspirador para personas de cualquier género, sexualidad y estilo relacional poder explorar posibilidades alternativas para lograr relaciones satisfactorias y estimulantes, además de los efectos que estas podrían tener sobre nuestra cultura.

Me gustó tanto el libro que me puse en contacto con la autora. Fue muy generosa tanto con su tiempo como con sus palabras.


[Ligeramente editado por motivos de longitud y contexto. En serio, lo prometo].

Katie Klabusich: Me ENCANTA la palabra «*polyqueer*». Para mucha gente, sonará simplemente a «persona poliamorosa no heterosexual». ¿Cómo se diferencia esto de otras sexualidades más conocidas?

Mimi Schippers: los términos como heterosexual, gay, lesbiana, o bisexual se refieren específicamente al género de tus parejas o las personas que te atraen. Más que poner el énfasis en el género, el concepto de polyqueer se centra en el número de parejas. Esa es la parte «poli».

El término «queer» lleva mucho tiempo existiendo, y se refiere a los esfuerzos por desafiar a la desigualdad social yendo en contra de las normas en lugar de intentar asimilarlas. Creo que es muy importante distinguir entre los tipos de relaciones e interacciones sexuales que mantienen las jerarquías sociales en torno a la raza, clase y género y aquellos que las desafían. Esa es la parte «queer».

En el libro introduzco el concepto «polyqueer» para tratar de determinar qué potencial tienen las sexualidades poli (sexo y relaciones entre más de dos personas) de hacer frente o derribar las jerarquías sociales que existen en torno al género, la raza y, en menor medida, la clase. La clave es que analicé el potencial más que la inevitabilidad de que las relaciones poli sean no heterosexuales. Sin duda hay formas de llevar relaciones y sexualidades no monógamas que reproduzcan punto por punto las desigualdades de género, raza o clase. Me interesaba pensar en cómo podrían animarnos a repensar nuestra propia percepción de la masculinidad y la feminidad y la forma en que llevamos las relaciones para no reproducir jerarquías sociales.

Katie: nunca me había parado a pensar en que los hombres pudieran necesitar a las mujeres para mantener las dinámicas entre ellos. Como dices, «la presencia de la mujer como objeto de intercambio heterosexualiza los vínculos entre hombres».

¿Tan arraigada está la homofobia? ¿Qué tiene el poliamor que hace que los hombres, como dices, «experimenten un cambio en su masculinidad»?

Mimi: me gustaría distinguir las representaciones de las relaciones en los medios y la literatura de las relaciones del mundo real.

En esa cita sobre la presencia de la mujer como objeto de intercambio entre hombres, parafraseo una de las partes clave de la definición de los vínculos homosociales entre hombres de Eve Sedgwick, una de las creadoras de la teoría queer. Se centraba en la literatura, y en cómo se escriben las historias de triángulos eróticos. Para Sedgwick, la presencia de la mujer como objeto de deseo por el que compiten los hombres es necesaria para heterosexualizar a los hombres en bromances literarios (usando un término más actual). Yo afirmo que, si los hombres de estas historias de triángulos eróticos se pusieran de acuerdo en llevarse bien y aceptar que ambos van a tener una relación con la mujer, se abriría espacio narrativo para deconstruir sus masculinidades. Por ejemplo, en lugar de ser competitivos, podrían ser cooperativos, y en lugar de tratar a la mujer como objeto de intercambio, podrían tomarla en serio como una persona completa que los desea a ambos e insiste en que se pongan de acuerdo.

Dicho esto, es verdad que, en el mundo real, mucha gente asume que los hombres son demasiado celosos y posesivos como para compartir sus parejas con otros hombres. Más de una persona me ha dicho algo del estilo de: «es que los hombres son diferentes. Sí, seguramente que las mujeres puedan apañarse, pero no creo que ningún hombre llevara bien que su mujer o novia se enamorarse de otro».

Cuando digo en el libro que el poliamor tiene el potencial de cambiar la percepción de masculinidad de los hombres, me apoyo en la revolucionaria e importantísima investigación de Elisabeth Sheff, autora de The Polyamorists Next Door («Mis vecinos poliamorosos»). Algunos de los hombres a los que entrevistó dijeron que habían tenido que rechazar definiciones sociales de la masculinidad y volverse menos posesivos y controladores. Así que esto no va sólo de introducir el poliamor en la ficción; también de cómo el poliamor como experiencia vivida puede cambiar cómo se relacionan entre sí personas de todos los géneros.

Katie: En los agradecimientos, mencionas a tus padres, que según escribes, «me enseñaron que el poliamor puede tener cualquier forma y tamaño». La mayoría de gente que llevamos lo de la no monogamia en privado lo hacemos (al menos en parte) porque nos preocupa que nuestra familia no lo entienda, o algo peor. ¿Siempre supiste que ellos lo aceptarían? ¿Cómo te hablaron del poliamor?

Mimi: Mis padres, en especial mi madre, han aceptado increíblemente bien que yo sea poliamorosa. Cuando le dije por primera vez que tenía una relación con dos hombres, se rio y dijo: «siempre he sabido que eras rara, pero no sabía que eras TAN rara». No voy a entrar en detalles para proteger su intimidad, pero después de hablar sobre lo que es el poliamor, empezó a pensar que no era tan rara en realidad. Mi padre nunca me ha dicho una palabra sobre el tema, pero noto que algo ha cambiado en nuestra relación. Tengo la impresión de que ahora él tampoco lo ve tan raro.

Katie: las noticias están repletas de ejemplos de masculinidad tóxica. Las situaciones que describes en tus historias se centran en acontecimientos que resultarían especialmente amenazadores para gente muy metida en normas de género y dinámicas de poder. ¿Cómo podría beneficiar la deconstrucción de la heteromasculinidad a todos los géneros, no solo a los oprimidos por hombres cishetero?

Mimi: Cuando pienso en opresión, suelo pensar en procesos sociales amplios que otorgan privilegios a unos grupos y, en la misma medida, desventajas a otros, más que en relaciones interpersonales en las que una persona oprime a otra.

Estaba viendo Real Time with Bill Maher, y entre los invitados estaba Andrew Sullivan, autoidentificado como hombre blanco homosexual. El tema de conversación era el video de Trump alardeando de agresiones sexuales a mujeres, y Sullivan dijo que el asunto no le afectaba personalmente, como si ser gay implicase que está fuera de las relaciones de género porque no se acuesta con mujeres.

Creo que la pareja monógama heterosexual, como forma de mantener intimidad sexual y emocional y de formar familias, siempre ha tenido un papel significativo en la sociedad estadounidense a la hora de establecer y mantener ideas preconcebidas sobre género, raza y clase. La supuesta incapacidad o negativa a amoldarse a la pareja monógama se ha utilizado repetidamente en debates sobre la supremacía blanca, el heterosexismo, la transfobia o el cisexismo, la desigualdad de clase, el feminismo, la inmigración, y demás.

¿Quién se ha beneficiado más de todo esto? Los hombres blancos, heterosexuales, cisgénero y de clase privilegiada. No creo que deconstruir la heteromasculinidad sea la única ni la mejor manera de reducir este privilegio. Sin embargo, sí que creo que las sexualidades poli pueden ser una herramienta entre muchas para enfrentarse al privilegio blanco, cisgénero y heteromasculino. De esta forma, creo que la mayoría (sin importar nuestra identidad de género o cómo nos relacionemos) podemos beneficiarnos.

Katie: una buena parte de la reflexión del libro sobre el doble rasero de comportamientos esperados o elogiados en hombres y en mujeres describe el tipo de comportamiento que resulta aceptable en cuanto a cómo se ven los hombres entre sí y la rivalidad entre ellos. Por ejemplo: «follarse a la mujer de otro es ganar poder y estatus sobre él». ¿De verdad estamos aún en un contexto en el que la heteronormatividad y la masculinidad se rigen por quién tiene más (o mejores) pertenencias?

Mimi: No estoy segura de que se trate de quién tiene más o mejores pertenencias. Creo que tiene más que ver con el control y la posesión de las mujeres como prueba de éxito en la masculinidad heterosexual. Y sí, creo que seguimos ahí.

Katie: tu análisis de los tríos desde el punto de vista de roles de género es fascinante. ¿Qué hace que los tríos de dos mujeres y un hombre se orienten tan a menudo hacia la heteronormatividad, mientras que los de dos hombres y una mujer tienden a ser menos heterosexuales, tanto para los hombres como para las mujeres? ¿Y por qué son tan estables (es decir, tan sanas y duraderas) las tríadas de dos hombres y una mujer, si es que se ha averiguado?

Mimi: quiero aclarar que no estoy diciendo en absoluto que los tríos de dos mujeres y un hombre sean heterosexuales por definición. Tampoco digo que los tríos de dos hombres y una mujer no lo sean nunca, ni mucho menos.

En la cultura heterosexual estadounidense contemporánea, hay cierto grado de aceptación hacia los tríos si son de dos hombres turnándose con la chica, o si es un marido que «permite» que otro hombre se acueste con su mujer mientras él mira (hotwifing), o un heterosexual afortunado con dos mujeres bisexuales atractivas. En todos estos casos, el hombre se sitúa como sujeto activo y la mujer como objeto. Sin embargo, cuando se representa un trío con dos hombres y una mujer en el que también hay sexo entre los hombres, lo llaman porno «bisexual». En serio, ¡búscalo en Google! (O no, depende de lo bueno que sea el filtro de tu navegador).

No creo que sea coincidencia. Creo que lo que yo llamo nuestro «imaginario de tríos» colectivo hace mucho, ideológicamente hablando, por heterosexualizar los tríos para los hombres, incluso cuando intervienen dos mujeres.

En el libro lanzo la pregunta de qué efecto tendría en nuestro imaginario sexual colectivo erotizar (no solo en el porno, sino también en los medios convencionales) imágenes o historias que mostraran a una mujer y dos hombres identificados como heterosexuales haciendo un trío en el que todos follan con todos, y que resultara divertido y excitante. ¿Cómo cambiaría esto la percepción de los hombres heterosexuales? ¿Y de las mujeres heterosexuales? ¿Y si el trío fuese interracial e íntimo? Me interesaba saber cómo estas representaciones polyqueer podrían hacer frente al sexismo y al racismo.

Esto no quiere decir que los tríos entre dos mujeres y un hombre no sean, en la práctica, divergentes en cuanto a género y raza. Por experiencia, diría que los tríos de este tipo son mucho menos normativos de lo que esperaría nuestra imaginación colectiva o los hombres heterosexuales no iniciados. Tengo una pareja que se identifica como hombre, y describe los tríos con dos mujeres como saltar a la comba: se pasa muchísimo tiempo esperando al momento adecuado para entrar.

Como he dicho antes, ningún trío tiene nada intrínsecamente transgresivo en la práctica. Depende de lo que haga la gente, y lo que importa es cómo se traten, no su género, raza o identidad sexual.

Katie: me emociona la idea de que mi sexualidad pueda minar no sólo la monogamia obligatoria, sino también muchas de las estructuras que mantiene. Al final de la introducción, explicas que quieres «reorientar a los lectores hacia sexualidades *polyqueer *como línea efectiva de intervención e innovación política y teórica feminista y no heterosexual».

¿Qué tiene la sexualidad *polyqueer* que sea tan poderoso y prometedor?

Mimi: Bueno, no creo que el término «polyqueer» tenga más peso teórico que cualquier otro término desarrollado en el ámbito de la crítica racial, de género y feminista. Lo propongo como complemento, no como sustituto de ninguno de los términos desarrollados en estas áreas tan importantes de teoría crítica.

Sin embargo, sí que creo que en las sexualidades polyqueer hay bastante potencial, aún sin utilizar, de lucha contra la cultura y estructuras capitalistas, de supremacía blanca y de dominación masculina. Además de lo que ya he dicho sobre género y raza, por ejemplo, también creo que ofrece la oportunidad de cuestionar la idea de que los seres humanos somos competitivos y posesivos por naturaleza, uno de los pilares de la ideología capitalista. También cuestionan la idea de que los hogares deben contar con dos adultos y no más, con los hijos que tengan a su cargo. Los hogares con varios adultos tienen toda suerte de consecuencias en cuanto al consumo de recursos, vulnerabilidad económica, cuidado de los niños y demás.

En definitiva, lo que quiero decir no es que todo el mundo deba ser poliamoroso, sino que la monogamia y el poliamor deberían ser elecciones conscientes y fácilmente asequibles. Es más, espero animar a la gente a pensar en llevar el emparejamiento y el poliamor a ámbitos más allá de la elección personal.

La forma en que mantenemos relaciones íntimas siempre ha sido y continuará siendo imposible de separar de desigualdades y procesos sociales más amplios. «La Pareja Heterosexual Monógama» como ideal ha causado estragos entre la gente que no puede o elige no vivir de acuerdo con su mandato. Tenemos este ideal obligatorio grabado, y legitima las estructuras institucionalizadas de desigualdad racial, sexual, de clase y de género. Aunque no creo que el sexo y las relaciones polyqueer sean una panacea política, sí que creo que tienen posibilidades, aún por explotar, para socavar estas estructuras.

Traducción de Eva Duncan

Artículo original: http://www.theestablishment.co/2016/12/08/the-extraordinary-political-power-of-moving-beyond-monogamy/

Este artículo pertenece a The Establishment: https://theestablishment.co/

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1 comentario en “El extraordinario poder político de salirse de la monogamia

  1. John Castillo

    El articulo esta genial, soy un hombre hetero que le gustaria formar una familia.

    Pero no lo logro, aun quiero aprender un montón sobre el amor consiente y divino, y como poder librar a la sociedad del peso de la heteronormatividad.

    saludos
    Pregunta el libro se consigue en español?

    Responder

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