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CRÓNICA de las Policañas 10/02/2017: La potestad

El viernes 10 de febrero, el tema de las policañas fue la potestad. En este caso, usamos la palabra potestad para referirnos a una expectativa de privilegio, la creencia de que tener una relación con una persona nos da derecho a intervenir en lo que esta persona hace en su vida íntima.

Primera parte: presentación y reflexiones previas

Como punto de partida, utilizamos las siguientes ideas clave del artículo La potestad, de Pere Picornell:

  • Potestad: equivalente a la palabra entitlement en inglés, es decir, una expectativa de privilegio.
  • Consenso: hacer algo por consenso significa que se ha llegado a un acuerdo entre las partes implicadas. Sólo se puede llegar a un consenso en lo que ambas partes tengan potestad.
  • Consentimiento: se consiente sobre las cosas sobre las que tenemos potestad. El ejemplo más evidente es la potestad sobre el propio cuerpo. En casos en los que se establece potestad de manera tóxica, se llega a considerar una cuestión de consentimiento situaciones como que un padre consienta la boda de su hija.
  • Lo habitual en las relaciones de pareja, incluso en las que cuestionan ciertas normas, es ceder mutuamente cierto nivel de control sobre la vida del otro. Hay una convención ampliamente aceptada de que las relaciones afectivas traen consigo ciertos derechos sobre la vida relacional.
  • La resistencia a otorgar potestad sobre la vida íntima a otra persona se percibe muy a menudo como una agresión.
  • Funcionar sin potestad sobre la vida íntima de los demás significa abandonar la idea de «permitir que tus parejas tengan libertad para tener otras relaciones» y cambiarla por la de “yo no soy nadie para decir a ninguna otra persona qué debe poder hacer o dejar de hacer con su vida”.
  • Comparar las relaciones de pareja con las relaciones de amistad puede ayudarnos a resaltar el papel que juega la potestad, o la ausencia de la misma, en la dinámica de la relación.

En la primera parte, nos presentamos y reflexionamos sobre los puntos del artículo.

Segunda parte: situaciones

Tras la ronda de presentación, propusimos varias situaciones para que se representaran o debatieran en cada mesa:

  • A y B tienen una relación de pareja. Entre sus acuerdos está la apertura al sexo con otras personas, pero nada más. Un día, A se da cuenta de que está empezando a tener sentimientos más profundos hacia alguien.
  • A, B, C y D están en un grupo poli. Tienen como acuerdo que las relaciones afectivas y sexuales sólo ocurran entre ellos. D empieza a tener interés por experimentar sexualmente fuera del grupo.
  • A y B son pareja, y tienen sus propias relaciones por su cuenta. Durante unas vacaciones que A tiene, pero B no, surge la oportunidad de que A haga un plan con C, otra de sus parejas. Pero implica viajar a una ciudad que A y B tenían pensado visitar juntas.
  • A y B acaban de abrir su relación, y aún no tienen nada pactado. B tiene una cita con otra persona, en la que acaba besándola. Al volver, A se enfada porque no estaba pactado que podía ocurrir eso.
  • A es anarquista relacional. Una de sus relaciones, la que mantiene con B, va cobrando más relevancia, y un día B le expresa su profundo malestar por la frecuencia con la que ve a otras personas.
  • A, B y C tienen una tríada sin pactos establecidos, en la que los planes «de pareja» son siempre en grupo. B y C tienen ganas de hacer un plan por su cuenta, pero A no está de acuerdo con que esto ocurra, porque siempre lo han hecho de la otra manera. A y B están abriendo su relación. Al hablarlo, B manifiesta que no quiere que A salga con hombres.
  • A y B viven en la misma casa, y tienen pactado que no se traen parejas ni amantes al piso común. Pero A va a recibir la visita de una relación a distancia, y es más asequible económicamente alojarla en la casa.

Al final de la noche, se pusieron en común algunas de las conclusiones y soluciones alcanzadas:

  • Sobre la primera situación, se comentó que es imposible controlar qué se siente por quién, y que con un pacto como el descrito, habría que cuestionarse si el pacto es válido o deseable en primer lugar. Partiendo de la base de que es irreal asumir que se pueden controlar las emociones, quizás en un caso como este habría que redefinir el pacto y mantener la relación lo más flexible posible, en un aprendizaje continuo. En cualquier caso, la sinceridad y la capacidad de comunicación son elementos clave para una situación así.
  • La segunda situación fue bastante controvertida, ya que se debatió si esto se consideraría poliamor o no. Dentro de las distintas formas de poliamor que se han clasificado, esta sería una estructura de polifidelidad o poliamor cerrado, aunque hubo opiniones muy variadas al respecto. En la ronda de conclusiones se recalcó la importancia de respetar todas las formas de relacionarse que elija la gente, sin entrar a calificar si son funcionales o no. Mientras sean relaciones sanas en las que todas las partes están a gusto, son tan aceptables como cualquier otra. Al igual que en el caso anterior, las soluciones propuestas pasaban por la sinceridad, la comunicación y la posible reestructuración de pactos, prestando especial importancia al origen del problema: ¿los miedos a que el proyecto conjunto fracase? ¿Inseguridad? ¿Pérdida de control?
  • En la tercera situación, las soluciones que se propusieron pasaban, de nuevo, por hablar y gestionar el problema, yendo al origen del malestar de la persona afectada. Este malestar puede venir de una sensación de aislamiento, inseguridad y abandono, o por un problema de ego o jerarquía, por ejemplo. Identificar el origen es importante a la hora de buscar soluciones.

Tercera parte: debate

En la parte final, iniciamos un debate basándonos en las siguientes preguntas:

  • ¿Creéis que es necesaria o deseable la dinámica de otorgar potestad sobre la propia vida sentimental, afectiva y sexual a otras personas?
  • ¿Choca la idea de la ausencia de potestad con la atención a los cuidados?
  • ¿Qué tipo de problemas crees que puede ocasionar la potestad mutua? ¿Y la ausencia de la misma?

Algunas de las conclusiones que se pusieron en común al final de la actividad fueron las siguientes:

  • Al igual que con la monogamia, tendemos a tener una base de aceptación hacia la entrega y aceptación de la potestad en la pareja, una aceptación que parte de nuestra educación, los medios, la religión, y lo que observamos a nuestro alrededor, entre otras cosas. En otras relaciones, como las amistades, no se suelen observar estos patrones, aunque en ciertos contextos, como en la familia, sí que pueden aparecer.
  • La renuncia a la potestad, en especial cuando se parte de una base no cuestionada ni negociada, genera conflicto, por lo general difícil de resolver. La pérdida de privilegios o de control asusta y puede despertar muchas inseguridades y malestar, por lo que la comunicación es esencial. También es importante que haya un trabajo por parte de todas las personas implicadas, para evitar la unilateralidad y la desigualdad de poder.
  • Es importante no menospreciar ni hablar por parte de colectivos a los que no pertenecemos, como por ejemplo las personas que llevan relaciones múltiples cerradas. Las elecciones propias y los tiempos de cada persona hacen que la aceptación o renuncia de la potestad sea personal, y cada caso único.
  • Parece haber un equilibrio delicado entre la renuncia a la potestad y la atención a los cuidados. Si nos excedemos por un lado, caemos en la exigencia y en el control; y si nos excedemos por el otro, caemos en el desentendimiento y la individualidad extrema que nos lleva a no asumir siquiera las consecuencias de nuestros actos.
  • La empatía, la comunicación y la flexibilidad son esenciales para llevar cualquier tipo de relación. La potestad sin estos elementos puede acabar obligándonos a hacer cosas que no queremos hacer. Es muy importante que haya disposición a cambiar, reescribir o eliminar acuerdos, capacidad de ponerse en el lugar de otra persona y libertad para tratar cualquier tema sin miedo.
  • Conocerse y saber identificar las propias necesidades, deseos, miedos y demás es útil y necesario en muchos aspectos de la vida, y concretamente en las relaciones puede ayudar a evitar el conflicto. Saber de dónde sale una necesidad de control sobre otra persona suele ser útil a la hora de negociar, revisar acuerdos y renuncia a la potestad.

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