Taller de cuidados

El sábado 11 de junio celebramos nuestro primer OpenDay, una jornada de talleres y actividades relacionadas con el poliamor, en la Casa de Campo.

Una de las actividades fue una charla-debate sobre los cuidados en las relaciones afectivas, su importancia, la forma de solicitar y recibirlos y las complicaciones que pueden surgir.

Al ser un taller participativo, hubo muchos puntos de vista diferentes sobre diversos temas. Aquí podéis leer un resumen de lo que se dijo.

¿Qué son los cuidados?

Podemos entender los cuidados como acciones destinadas a reducir el malestar y aumentar el bienestar, o como formas de demostrar aprecio, cariño o amor.

Tanto darlos como recibirlos puede proporcionar comodidad, seguridad, confianza y energía para afrontar situaciones difíciles.

Dar cuidados requiere empatía, comprensión y escucha, ya que cada persona tiene necesidades diferentes. Cuidar como queremos que nos cuiden puede ser problemático en casos en los que una persona no reciba bien cierto tipo de atención.

En la crónica sobre las policañas de marzo, sobre los cuidados, se puede leer más sobre este tema.

En este taller se quería resaltar la importancia de los cuidados dentro de las relaciones, ya que son un elemento indispensable para el bienestar de las personas que se hayan en una relación afectiva, ya sea poliamorosa o no.

¿Qué tipos de cuidados hay?

Es importante conocerse y saber identificar qué necesitamos o queremos en cada momento, y para ello puede ser útil distinguir varios tipos de cuidados, como por ejemplo:

  • Palabra: halagos, expresión de sentimientos, palabras de aprecio...

  • Actos: ayudar, realizar un proyecto en conjuntos, hacer favores…

  • Regalos: pequeños o grandes, sorpresas, detalles…

  • Tiempo: irse de viaje, a cenar, pasar la tarde juntas, dedicarse tiempo para hablar…

  • Contacto físico: caricias, gestos cariñosos, abrazos, besos...

  • Espacio: cuidar mediante la inacción, dejando sola a la persona si lo necesita.

Aprender a comunicar qué cuidados preferimos ayuda a evitar el desgaste y la frustración que se producen cuando los cuidados no llegan, es decir, cuando una persona cuida y la persona que recibe esos cuidados no los siente como tales.

Cada persona tiene necesidades diferentes, pero en el taller se vio que los tipos de cuidados que más gente necesitaba eran el contacto físico y la palabra. También hay quien necesita mucha variedad, recibir cuidados de todos los tipos.

Reflexionar sobre los cuidados, tanto los tipos que necesitamos como los que no nos sirven o incluso resultan contraproducentes, fue un ejercicio muy interesante. Al poner en común las formas de dar cuidados de algunas personas y las formas de recibirlos de otras, quedó muy claro que la comunicación es vital, y dar por sentado lo que no se sabe puede tener consecuencias muy negativas.

¿Cómo damos cuidados? ¿Cómo los recibimos?

Aprender a dar cuidados es parte del desarrollo de una relación afectiva. Hay actitudes y acciones que facilitan este desarrollo y otras que lo dificultan.

Una herramienta útil es la gestión en momentos de calma, es decir, hablar sobre cuidados cuando no los necesitamos. Comunicarse cuando no nos sentimos vulnerables ayuda a transmitir el mensaje más claramente, y es una buena forma de prepararse para momentos de malestar o de necesidad. Se puede hablar de lo que nos ha gustado o no de la forma en que nos han cuidado, explicar preferencias y dar pautas para el futuro sin que haya sensación de crítica o incomodidad.

Resulta muy positivo tanto reconocer y aceptar las necesidades de otras personas como sentir que se aceptan las nuestras. Ofrecer un espacio seguro para comunicarse, sentirnos con derecho a pedir lo que necesitamos y dar la importancia necesaria a lo que nos dicen, sea o no igual de importante para nosotras, crea un buen ambiente de comunicación que ayuda a compartir en lugar de tragarse las propias inquietudes.

Por el contrario, evitar hablar de cuidados por asumir que ya sabemos todo lo necesario es arriesgado. Todo el mundo tiende a rellenar la información que no conoce, pero en el caso de los cuidados, es preferible preguntar qué necesitan las demás. De igual forma, si necesitamos algo, no podemos esperar a que la gente lo adivine. Se pueden averiguar algunas cosas observando y prestando atención, pero rara vez vamos a conseguir saberlo todo si no nos lo explican. Los mitos del amor romántico nos dicen que nuestra media naranja nos conoce mejor que nosotros mismos, pero en la vida real, es la comunicación efectiva la que nos ayuda a conocernos.

En cuanto a la forma de recibir cuidados, es importante no olvidarnos a nosotras mismas. Lo que se busca es la satisfacción y bienestar de todas las partes implicadas, y conviene no conformarse con cuidados que no nos valen, ya que las necesidades no satisfechas se nos quedan dentro, y acaban saliendo de un modo u otro.

Por otra parte, cuando recibimos cuidados que por lo general no nos gustan o no nos llenan, también es posible ver más allá del hecho en sí y entender lo que la otra persona nos está queriendo transmitir. Podemos encontrarnos con que un cuidado que en principio no nos satisface nos resulta agradable por el mero hecho de ser una demostración de amor, como ocurre cuando nos hacen un regalo que no nos gusta pero que valoramos por su significado. No hay una sola forma de encontrar el termino medio entre respetarnos a nosotras mismas y entender los cuidados que nos dan, ese punto de equilibrio es distinto para cada persona.

¿Cómo pedimos cuidados?

Pedir cuidados puede ser un asunto delicado. La mayoría de la gente no está acostumbrada, y en el modelo relacional monógamo mayoritario la norma es no hablar del tema, o hablarlo poco en el mejor de los casos. Al igual que se puede aprender a dar cuidados, la comunicación también mejora con la práctica, y hay herramientas que facilitan el proceso. Partimos de la base de que hay ganas de cuidar, pero hay que ajustar la forma en cada caso.

Antes de pedir necesitamos saber qué queremos. Para ello hace falta aceptar nuestras emociones sin juzgarlas ni rechazarlas, porque no son ni buenas ni malas, simplemente están. Sentir dolor, rabia o celos no es malo, y asumirlo también es una forma de autocuidado.

Abrir y reservar espacios para la comunicación, en lugar de tratar el tema en conversación casual o indirecta es una buena forma de evitar malentendidos y sentir que nos escuchan. A veces ocurren desacuerdos, y de la misma forma que las necesidades y los pactos, los cuidados se pueden negociar. Como en cualquier negociación, es importante asegurarse de que llegue el mensaje, aunque haya que repetirlo y confirmar que se ha entendido.

Hablar desde el "yo" y procurar no hacer acusaciones o valoraciones sobre otras personas cuando pedimos cuidados suele facilitar la comunicación. Cómo pedimos también depende de cada persona, y cada una reacciona de forma diferente ante distintos tipos de petición. Por ejemplo, hay quienes reaccionan muy bien ante un “necesito”, y hay quienes lo viven como un chantaje. Algunas personas prefieren recibir una propuesta concreta y otras una sugerencia. Hay gente que prefiere una expresión más indirecta, en condicional, y otra que prefiere los absolutos. La socialización como hombre o como mujer incide mucho en estas preferencias, y conviene no olvidar la perspectiva de género.

A medida que vamos familiarizándonos con qué tipo de comunicación es efectiva para cada persona, la gestión se va haciendo más fácil. También influye el tipo de relación que se tenga, y al fase en la que se esté. No nos comunicamos de la misma forma para gestionar un distanciamiento que para afianzar una relación con vistas al futuro.

Por último, hay que tener en cuenta lo que suponen los cuidados para la persona que los da. A veces requieren un esfuerzo considerable, y es preferible no darlos por sentado.

Posibles dificultades

En las relaciones afectivas, y de forma más visible aún en las no monógamas, hay ciertos problemas que tienden a repetirse. En lo referente a los cuidados, comentamos varios conflictos típicos y debatimos cómo evitarlos.

Al pedir cuidados se puede caer en una dinámica de "una por otra", es decir, que cuando una persona da algo, espera recibir lo mismo a cambio. Este tipo de situaciones simétricas pueden llegar a ser muy competitivas, además de provocar desequilibrios, porque no todo el mundo tiene las misma necesidades. Pueden incluso llegar al punto de convertirse en chantaje: “si tú quieres acostarte con dos personas fuera de la pareja, no te puedes quejar de que yo también lo haga”.

Las exigencias y ultimátums pueden causar resentimiento y alejar a las personas. Los términos de este tipo resultan amenazadores y tienden a poner a todas las partes a la defensiva. Por supuesto, la interpretación de cada persona varía, y lo que puede sonar a chantaje para una puede no serlo para otra. Pero hay ciertas fórmulas ("como no hagas esto, terminamos" y similares) que de entrada son conflictivas. Durante el taller pudimos ver que se puede hacer una lectura de género sobre cómo se interpretan estos mensajes.

Interpretar peticiones como exigencias aunque no lo sean y reaccionar en consecuencia también es muy común. Cuando una persona no ve sus necesidades cumplidas en una pareja, es normal que tienda a distanciarse, pero esto no es un chantaje sino una realidad. Si nos dicen "si las cosas no cambian no le veo futuro a esto", podemos interpretarlo como un ultimátum, pero puede ser que simplemente no estén explicando lo que está ocurriendo.

Cuando los cuidados no salen de dentro y suponen un esfuerzo, puede ser muy doloroso para todas las partes. Ante estos casos, una posible solución es analizar el porqué de esa ausencia de cuidados, las implicaciones que tiene, y gestionarlo con la otra parte. Limitarse a dejar de lado los cuidados si no salen de dentro puede dañar mucho la relación.

Tanto al dar como el recibir cuidados, es habitual olvidarnos a nosotros mismos y perdernos en lo que los demás quieren de nosotros. Por imposición social, mucha gente tiene interiorizada la idea de que si no damos todo lo posible por los demás, somos egoístas. Esta presión se ve con mucha claridad en las madres, que se espera que lo den todo por sus hijos. No se debe olvidar el autocuidado, aceptar lo que sentimos y permitirnos lo que nos es necesario.

Individualismo e independencia

Desde distintos grupos de poliamor nos hemos dado cuenta de que hay una tendencia a desentenderse de los sentimientos de otras personas. El auge de las teorías sobre independencia emocional ha hecho que se conciba la felicidad como algo propio, que depende únicamente de la persona que la siente. Sin embargo, como animales gregarios que somos, necesitamos de la sociedad para sobrevivir. Aunque es práctico ser responsable de la propia felicidad, a veces necesitamos a otras personas a nuestro lado.

Cuando nos basamos en la idea de la independencia emocional total, podemos llegar al punto de olvidar nuestra responsabilidad para con otras personas, es decir, olvidar que nuestras acciones y omisiones tienen efecto sobre ellas. Desentenderse de los sentimientos de otras personas y dejar de lado los cuidados nos puede llevar a una forma de relacionarnos fría y superficial, o incluso dañina. Si nuestra respuesta ante la expresión de una necesidad de otra persona es siempre que no es asunto nuestro, que es algo que debería trabajarse la otra persona, no estamos teniendo en cuenta la importancia de los cuidados para mantener un vínculo.

Por supuesto que es necesario trabajarse la felicidad individualmente, pero eso no quiere decir que otras personas no puedan aportárnosla también.

"Pienso en mi felicidad como algo que tengo conmigo y me trabajo yo, pero a veces confío trocitos de felicidad a otras personas. Cuando los cuidan, esos trocitos crecen, y me aportan más todavía. Cuando la persona a la que se los confío no lo cuida, lo retiro. A veces pueden volver a ganarse esa confianza de nuevo, y a veces no. Así, mi felicidad no depende sólo de mí mismo, sino que se la confío a quien elijo".

La filosofía de la independencia emocional no sólo nos dice que nuestra felicidad es asunto nuestro, sino también que es necesario amarse a una misma para recibir amor, que hasta que no estemos trabajadas y a gusto con nosotras mismas no vamos a ser dignas de ser amadas. En el taller hablamos de autocompasión y de aceptación, y de lo importante que es darse cuenta de que no siempre se está bien, y que eso no implica que tengamos que renunciar a las relaciones o al amor. Esa idea de que ya nos querrán cuando seamos capaces de valorarnos puede ser muy destructiva en momentos de malestar. Es importante eliminar el diálogo interno dañino, arroparnos a nosotras mismas y tratarnos con la comprensión y el cariño que se le da a un niño pequeño que se encuentra mal. Aceptar ese malestar y concedernos los mimos necesarios es un primer paso para superarlo.

Comentarios

Comments powered by Disqus