Opencon Madrid 2015: taller de masaje y caricia

Por José Antonio

Cuando pensé en organizar un taller de masaje y caricia, me plantee una simple actividad lúdica. Suelo expresar mi afecto a través del contacto físico, así que me parecía natural compartir esa experiencia ( con el tiempo, he aprendido a mantener la distancia, pero a veces necesito que alguien me recuerde que no todo el mundo se siente cómodo así: si en alguna ocasión os he hecho sentir incomodidad, os ruego una colleja inmisericorde)

Taller masaje y caricia

Lo cierto es que hay una gran represión con el contacto físico, ya que parece que sólo se considera legítimo en su vertiente más social (el estrechón de manos, la palmada en la espalda o los dos besos en las mejillas, siempre en contexto heteronormativo) . Incluso algo tan neutro como un abrazo parece una muestra excesiva de intimidad, así que una vez empecé a organizarme decidí que, aparte de la experiencia puramente placentera, sería una buena idea ayudar a superar esa barrera en una cita tan especial como la opencon.

Tuve la suerte de contar con dos amigas, MariaJo y Cova, con quienes puse a punto una dinámica sencilla y fácil de seguir. Desde aquí quiero daros las gracias, ambas aportasteis ideas muy buenas.

El que la gente se apuntara masivamente al principio, si bien no estaba previsto, me permitió distribuir a la gente con antelación y hablar con algunas de las personas participantes, para saber cómo garantizar que disfrutarían de un entorno cómodo y seguro. Hubo quien se apuntó una vez allí, y participantes que prefirieron asistir a otros talleres que se iban a simultanear, pero el tener estructurados los grupos previamente me facilitó mucho las cosas.

Emparejé al azar para que la gente no tendiera a juntarse con conocidos, y para romper la tendencia heteronormativa . Al final, debido a las altas y bajas, hubo sólo tres parejas no mixtas, es lo que tiene el azar, después de todo. En otra ocasión, con más tiempo, podríamos plantearnos talleres no mixtos, pero no era mi idea en este caso. En cuanto a la participación, pasaron entre ambos grupos 32 personas, así que casi la mitad de la gente que estaba allí se animó a tomar parte.

Lo confieso, estaba MUY inseguro. Sobre todo cuando, al montar entre todos los horarios, vi que el momento más adecuado sería justo tras los desayunos, y para las personas que estaban en el primer grupo, sería su primera experiencia compartida en la opencon. Contar con dos conocidas, Cova el primer día, Kerstin el segundo, como modelos para masaje, fue un gran alivio, y en cuanto pusimos manos a la obra (nunca mejor dicho) los nervios desaparecieron y todo fue rodado. Gracias, fuisteis una gran ayuda.

Estuve atento, con discreción, y en los primeros momentos pude notar algún instante de tensión, algo inevitable cuando sientes por primera vez el contacto de un extraño, pero creo que todo el mundo superó sin dificultades esos breves momentos y disfrutó mucho con la experiencia. Varias personas, privadamente, me han dicho que les sirvió para superar algunos bloqueos y salir de sus límites sin sentirse cohibidos. Para algunas, además, fue una experiencia muy dulce. Para mí, ha sido muy valiosa, he podido compartir algo muy especial y muy personal con mucha gente. Quiero creer que nadie se sintió fuera de lugar y, si bien fui el único que no recibió ni masaje ni caricia, me sentí tan bien como si lo hubiera recibido. En lo que a mis objetivos se refiere, creo que puedo considerar que se cubrieron sobradamente.

A continuación, voy a describiros de forma más detallada las diversas partes de la dinámica. Cada persona siente de forma diferente, pero creo que todo el mundo saldrá confortado, respirando de forma más amplia y calmada, y con una sensación muy especial en la piel. Agradeceré cualquier comentario de los participantes, sobre todo los negativos, ya que así podré aprender y, en un fututo, mejorar.

Ya lo había dicho en facebook, e insistí al comienzo: es una dinámica sensual, no sexual. Es muy importante que cada participante tenga claras sus expectativas, para garantizar un entorno de comodidad y confianza. Las únicas condiciones para participar son, respeto, higiene y ropa holgada, o desnudez, si nadie se siente incómodo con ello.

La dinámica en sí sigue un orden de menos a más, hasta llegar al punto de máxima intensidad física y emocional, y de ahí baja despacio para terminar de la forma más relajada posible

La primera fase es un masaje de relajación, en la zona lumbar. Empezamos así por tres razones: porque en esa zona se acumula mucha tensión postural, porque la mayoría veníamos de un viaje largo y para que sea más sencillo romper el hielo entre personas que no se conocen (es un masaje más despersonalizado)

Quien va a recibir el masaje se tumba boca abajo. Su acompañante, sitúa una rodilla entre sus piernas o ambas rodillas a los lados de las piernas. La técnica es sencilla, se trata de localizar dos hoyuelos que se forman en la parte alta del sacro. En ocasiones son visibles, sobre todo en los cuerpos femeninos con más lordosis, pero si no es así se pueden encontrar palpando a los lados del sacro. En esta fase atendí a cada persona, para asegurarme de que todo el mundo localizaba la zona adecuada.

Primero usamos nuestros pulgares, haciendo movimientos rotatorios amplios, partiendo siempre desde esos hoyuelos. Posteriormente apoyamos ahí los cantos de la palma y hacemos un movimiento de vaivén con los hombros, adelante y atrás, sin ejercer demasiada presión. Si queréis dar un masaje largo en la espalda esta técnica ahorra trabajo al masajeador. No dejéis rígidos los brazos: desbloquead los codos, no estamos intentando aplastar nada, sólo mover suavemente los músculos.

Ahora formamos una mariposa con las manos, abriendo las palmas, y movemos suavemente la cintura de nuestra pareja, relajando los músculos laterales.

El segundo paso, todavía en fase de relajación, es un masaje en los hombros. Si es posible, nos situamos sobre la cintura de la persona masajeada, sin cargar nuestro peso. Los hombros son otra zona de tensión postural, y además el estrés se acumula aquí. Y, como bien me dijo una amiga, no sólo llevamos ahí nuestros problemas, sino que a veces cargamos con los de otros. Amasamos despacio los hombros, con cuidado de no apretar demasiado, ya que suele haber contracturas muy dolorosas y debemos evitar presionarlas. No estamos intentando descontracturar, sino conseguir que la persona que está bajo nuestras manos se sienta bien.

Taller masaje y caricia

Y aquí llegamos a lo que una asistente ha descrito, con mucha gracia, como el momento primate. Y, literalmente, hacemos lo que hacen los primates cuando se sienten tensos: acicalarse la espalda. La persona masajeada se sienta, dándonos la espalda (si lleva un sujetador, es preferible que se lo desabroche, pero no es estrictamente necesario) Usamos las uñas, sin rascar, acariciando con ellas la piel, presionando lo justo para estimular las terminaciones nerviosas, pero sin dejar marcas. Subimos con ambas manos por los lados de la columna hasta la nuca y bajamos en un arco un poco más amplio, repitiendo este movimiento varias veces, lentamente, sin prisa. Posteriormente, usamos las yemas de los dedos, y recorremos las comisuras de los músculos, desde los omoplatos hacia abajo. La piel situada donde se unen dos músculos siempre es más sensible que la situada directamente sobre un músculo.

En este punto, con nuestras víctimas a punto de entrar en coma, vi algunas caras sorprendidas por lo placentero de las sensaciones. La espalda está muy, muy olvidada, y la relajación que produce una manipulación tan suave es casi narcotizante. Pero su expresión en la siguiente fase fue para grabarla, ya que, tras el acicalamiento, vino el despiojamiento.

Nos incorporamos un poco (en el acicalamiento estamos sentados, aquí aconsejo estar de rodillas, sobre todo si la persona ante nosotros es muy alta) y acariciamos muy suavemente el cuero cabelludo, desde la nuca hacia la frente, rozandolo levemente con nuestros dedos, y practicándole un masaje muy ligero. Este momento, si la persona que recibe la caricia tiene una cabellera espesa, es muy intenso para la persona que masajea, ya que el cabello, al pasar por entre los dedos, los acaricia de una forma cálida y fluida, así que el placer es compartido.

De media, dedicamos unos cinco minutos a cada fase, pero eso es sólo para mantener el taller dentro de una duración manejable. Si no hay prisa, podemos tomarnos el tiempo que nos apetezca, y es normal pararse aquí un poco.

A continuación, nos echamos hacia atrás, nos sentamos cruzando las piernas y dejamos que nuestro acompañante se tumbe boca arriba, descansando su cabeza en nuestro regazo. Unimos los dedos corazón de ambas manos, justo bajo la nuca. Aprovechando el peso de la cabeza, masajeamos ese punto, moviendo alternativamente los dedos corazón y los índices, estos por los lados de la nuca. En ese punto se concentra también una gran tensión diaria, tensión que puede generar dolores de cabeza e incomodidad. Es importante diluir la tensión, ya que estamos llegando al punto más alto de la experiencia.

Vamos a acariciar el rostro de nuestra pareja. Es un contacto, no sólo de una gran intensidad sensitiva sino, sobre todo, de una gran intimidad, quizás más, incluso, que una caricia sexual. Se requiere una gran confianza mútua, por eso hemos dado todos los pasos anteriores, para ir subiendo progresivamente y la persona acariciada no se sienta invadida ni incómoda.

Empezamos buscando los pliegues que se forman desde los lados de la nariz hacia las comisuras de los labios (la piel es mucho más sensible en los pliegues) y seguimos más allá de ellos hasta juntar los dedos bajo la barbilla. La acariciamos, es un contacto que, en la mayoría de los mamíferos, causa un gran bienestar. Dibujamos con nuestras yemas el contorno de los labios, muy suavemente, apenas debe haber contacto, buscamos un roce tan suave como una brisa. Acariciamos la línea en que la curva de los labios da paso a la de la barbilla.

Acariciamos ahora los lóbulos de la nariz, y subimos por el puente hasta llegar a la frente, y seguimos las líneas de la frente hacia afuera, bajando por el contorno de la cara. pasamos nuestras yemas justo bajo las cejas, sin rozar los párpados para evitar sensaciones incómodas. acariciamos con mucho cuidado la zona donde se forman las bolsas bajo los ojos, aliviándola.

Igualmente rozamos los lóbulos de las orejas, y la parte externa del pabellón auditivo.

Repetimos estos pasos en el orden que más nos guste, exploramos, siempre con la máxima suavidad. Sin prisa. La experiencia, para la persona que está recostada sobre nuestras piernas, y nos ha entregado su confianza, es embriagadora.

A continuación, vamos a iniciar un descenso pausado. Acomodamos con un almohadón a nuestra pareja, nos sentamos mirando hacia su rostro, a un lado, y tomamos el brazo de ese lado con nuestra mano contraria (si es el brazo derecho, lo tomamos con la izquierda), levantándolo un poco. Pasamos a acariciar la cara interior del brazo, recomiendo usar los dedos índice y meñique, para no abrir demasiado la mano. Luego cambiamos nuestra mano de apoyo (si era el brazo derecho, lo tomamos con la derecha) y acariciamos el exterior, con especial cuidado en el codo, que es muy sensible. Finalmente, tomamos su mano entre las nuestras y acariciamos sus dedos.

Primero, las yemas, desde el meñique hasta el pulgar, usando nuestra propias yemas en movimientos suaves y rotatorios. Después bajamos por las falanges, deteniéndonos en sus pliegues, de nuevo d el meñique al pulgar (el meñique es el dedo menos sensible de la mano, vamos de menos a más). Finalmente, acariciamos la palma de la mano, siguiendo sus líneas. Sin prisa. Y, cuando lo creamos adecuado, repetimos todo el proceso con el otro brazo.

A continuación vamos a hacer un suave masaje acariciante en el abdomen. Apoyamos los cantos de nuestras manos en las crestas ilíacas y juntamos la punta de los pulgares (una participante me dijo que, como su pareja era muy menuda de talle, en vez de tocarse las puntas de los pulgares, los cruzó) y usando como eje de giro los cantos, barremos muy suavemente hacia afuera con los pulgares. Repetimos varias veces y, si la persona no sufre de cosquillas incontrolables (y si lo hacemos con mucha suavidad no las sentirá), notará una sensación de bienestar y relajación. Luego tomamos con cuidado su cintura y la movemos como hicimos cuando estaba de espaldas, hacia arriba y hacia abajo, muy muy suavemente.

Rematamos la sesión con un masaje de pies. Nos sentamos y tomamos el talón del pie con una mano, y con la otra, apoyando los dedos de la mano en los del pie, presionamos hacia adelante, es decir, desde la planta hacia el cuerpo, de forma que el pie vaya a un ángulo menor de 90 grados con el tobillo. Con ello estiramos bien los gemelos y el tendón de aquiles. Luego acariciamos las yemas de los dedos, esta vez desde el pulgar al meñique, y de paso estiramos bien los dedos menores, que en muchas ocasiones están apretados y contraidos. Los separamos con suavidad, para que la articulación se distienda (nunca forzando) y terminamos tableteando suavemente sobre la punbta de cada dedo: lo tomamos con dod dedos, lo estiramos un poco, y con el índice de la mano que tenemos libre damos golpecitos secos y repetidos sobre su punta, estimulando sus terminaciones nerviiosas.

Después masajeamos las almohadillas bajo los dedos, tratando de separar lateralmente la almohadilla del pulgar de las otras, de forma que el pie se distienda lateralmente (al ir calzados, el pie va contraído) y, después, empujamos la base de las almohadillas hacia arriba, hacia los dedos, de forma que el pie se estire longitudinalmente.

Para terminar, masajeamos la parte interior del arco del pie, por donde va el tendón hacia el dedo pulgar. Con cuidado y sin presionar mucho, sólo para que esa zona se relaje un poco.

Pasamos al otro pie y, si lo hemos hecho todo correctamente, espero que recibamos como agradecimiento un abrazo de quien nos ha acompañado como paciente, y, por supuesto, una sesión de masaje y caricia como recompensa.

Como caso práctico, una de las participantes, N, estaba embarazada. Para ella la postura adecuada no era, evidentemente, tumbada, así que estuvo sentada de forma cómoda, a lo indio. E, su acompañante, no tuvo ningún problema para llevar a cabo la dinamica, simplemente adaptándose a esa posición y disfrutando de la maravillosa experiencia de acariciar a dos personas en un solo cuerpo.

Yo disfruté de la delicia de acompañaros a todas en este breve camino, y espero que lo compartáis y lo ampliéis. Un abrazo cálido y un beso dulce para todas. Y, de nuevo, gracias, me habéis regalado unos momentos inolvidables.

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