Responsabilidad
Toda interacción conlleva una responsabilidad asociada a cada parte, que puede ser muy distinta según el modelo de consentimiento utilizado y la relación existente entre las personas involucradas.
En el modelo de consentimiento explícito previo, la mayor responsabilidad recae sobre la persona que propone la acción. La persona que recibe la propuesta no es responsable de cómo se haya formulado la petición, ni del contenido de ésta, por mucho que se haya ejecutado perfectamente. Sin embargo, el contexto y el contenido de algunas propuestas pueden ser desencadenantes de emociones difíciles de gestionar o incluso llevar a crisis de pánico o ansiedad.
Asegúrate de que la persona en cuestión sea capaz de dar permiso conscientemente: si está drogada, borracha, durmiendo, inconsciente o en otro estado alterado de conciencia no se le considera capaz de dar consentimiento.
Es bastante probable que algunas peticiones de carácter sexual a personas desconocidas en contextos en los que no son sexuales, puedan sentirse como invasivas, por mucho que la petición de consentimiento explícito previo esté perfectamente formulada.
A veces las personas más privilegiadas formulan peticiones sexuales a personas menos privilegiadas socialmente, aunque tengan una certeza bastante grande de que van a recibir una negativa. Este tipo de comportamientos a veces solo tiene una intención de ejercer poder, porque se sabe que no va a tener ningún tipo de consecuencia. El único objetivo de esta acción es simplemente generar incomodidad sobre otras personas. Es responsabilidad de cada une de nosotres valorar si las propuestas son adecuadas para con la persona, contexto social y para con la relación que tenemos con esa persona en dicho momento. El trasfondo de estas acciones es similar al del piropo callejero: no hay una intención real de compartir una acción con esa persona, solo se formula la petición para dejar claro el estatus de poder sobre ella.
Lo ideal es que nadie se sienta coartado como para no poder expresar sus apetencias. Pero es necesario que todas las personas sean conscientes de que sus peticiones o expresiones de deseos pueden generar una incomodidad. Siempre se debe valorar antes lo “adecuadas” que pueden resultar las propuestas.
También se debe ser responsable de generar espacio para acoger, integrar y restaurar los malestares que hayamos podido generar al proponer algo a alguien, ya que ha sido nuestra iniciativa la que ha podido desencadenar la situación delicada.
En otros modelos de consentimiento no previo la responsabilidad puede ser muy distinta, y debe estar integrada mucho más explícitamente en todas las partes involucradas. En dichos modelos, todas las personas son responsables de descubrir y respetar los deseos y límites de la otra persona. También son responsables de hacer que la comunicación sea lo más efectiva posible, sabiendo que los deseos no tienen por qué ser ejecutados ni satisfechos; considerando la voluntad individual no amenazada ni condicionada.
Todas las personas somos responsables de propiciar espacios para expresar las incomodidades sin generar sensación de que pueda haber castigos o consecuencias. Somos responsables de que el desacuerdo sea un motor para respetarnos y cuidarnos, para propiciar los encuentros que queremos. Debemos crear encuentros donde personas diversas puedan decidir informadamente, generando espacios para minimizar las desigualdades y donde no nos aprovechamos de nuestros privilegios.