Taller de consentimiento
Acerca de las clases

Privilegios y dinámicas de poder

Cualquier tipo de presión para que la persona diga que “sí” invalida la respuesta. Las dinámicas de poder juegan aquí un papel importante; alguien que ostenta un mayor poder social o físico por su edad, habilidades, puesto de trabajo, género, raza, clase, etc., debe asegurarse de que ello no influye en el consentimiento.

Algunos estados alterados de conciencia pueden darse tras haber compartido ciertas actividades (como algunas prácticas BDSM, talleres de masaje o actividades de carácter tántrico, entre otras), tras las cuales la química en el cerebro puede predisponer a la persona a dar un sí que quizás hubiera sido un no de no haberse dado esta alteración de conciencia. La persona que inicia la acción sobre alguien en este estado ostenta un poder que puede resultar en manipulación en los casos en los que esta información no se dispone previamente por todas las partes.

Es importante que las solicitudes sean honestas. Si expresas que no pasa nada si hay una negativa, es porque no va a pasar nada (ni haber ningún cambio en otro aspecto) ante la negativa. Si va a «pasar algo», o va a «haber algún cambio» si se dice que no… No digas que «No pasa nada si dices que no».

Puede haber abuso de poder en situaciones en las que se condiciona el consentimiento:

A: ¿Te gustaría que nos demos un masaje?
B: Preferiría que no.
A: Pues entonces prefiero que no cenemos juntas esta noche.

El consentimiento de una actividad no implica que lo haya para otra.

Sin embargo pueden existir algunas situaciones en las que se genere una presión activa y una exigencia explícita o implícita para que la persona haga algo con la condición de que si no lo hace, desaparece la voluntad de compartir otro aspecto.

Es legítimo anular el consentimiento de otras experiencias compartidas por la razón que sea, sin embargo, puede existir en algunas ocasiones una coacción al esperar que ciertas experiencias vayan en pack y no se hayan acordado todas ellas explícitamente.

Las personas con más privilegios, poder, habilidades sociales, capacidades y status social en general son quienes más acceso tienen a realizar coerciones.

Esto no quiere decir que las personas más privilegiadas no puedan sufrir una violación de consentimiento. Sin embargo, muchas de las coacciones que se ejercen para obtener un «sí» vienen desde posiciones de poder.

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